La Huella de los Jándalos

Emigrantes a Andalucía

Se denominó «jándalo» al montañés que emigraba a Andalucía en busca de trabajo, y volvía a su pueblo natal habiendo adquirido las costumbres, modo de vida, e incluso la pronunciación de los andaluces. «Jándalo» era la forma en que los montañeses llamaban a los andaluces, intentando imitar la forma de pronunciar la palabra “andaluz” por los nativos de aquella tierra.

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Edificios construidos por los jándalos

Edificios mandados construir por jándalos en Cabezón de la Sal.

 

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Casa consistorial

Edificio construido gracias a la donación de Don Pedro de Alcántara Ygareda y Balbás. Destinado en un principio a escuela para niñas, parvulario y ancianos a cargo de la congregación religiosa Hijas de la Caridad.

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Colegio Sagrado Corazón

Uno de los jándalos que mas huella ha dejado en el patrimonio arquitectónico de Cabezón, fue Don Pedro de Alcántara Ygareda y Balbás. El edificio fue construido por la fundación que lleva su nombre como convento para la orden religiosa de las Hijas de la Caridad, dedicadas a la enseñanza, y colegio para niñas.

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Residencia Sagrada Familia

Es otro de los edificios construidos por la fundación Ygareda, gracias a la donación de Don Pedro de Alcántara Ygareda y Balbás. Regentado por las Hijas de la Caridad, se destinó a acoger a los mas desfavorecidos, ancianos y enfermos, en una sociedad con pocos recursos.

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Escuella Taller

Doña Petra Ygareda y Balbás, herereda de la fortuna de su hermano Pedro, y preocupada al igual que él por la educación de los niños y jóvenes de Cabezón, dona los fondos necesarios para la creación de esta escuela comercio. Se abrieron las aulas en 1909.

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Aunque el fenómeno migratorio se dio a raíz de la Reconquista, fue durante la segunda mitad del siglo XIX cuando alcanzó mayor importancia. La migración tenía lugar directamente desde tierras cántabras a Andalucía o bien se asentaban allí a su regreso a España, tras su paso por América. En esa época muchos montañeses emigraron a Andalucía en busca de fortuna. Eran jóvenes que emigraban a tierras andaluzas para trabajar, ya que en Andalucía se necesitaba mano de obra, y los montañeses eran muy bien valorados. En un principio iban sin saber leer ni escribir, pero con el tiempo, se fue exigiendo que tuvieran un mínimo nivel educativo, como saber leer y escribir, y algo de números. A estos jóvenes montañeses, que generalmente tenían entre 12, 13 ó 14 años, se les puso el apelativo de «chicucos».

Los «chicucos», llegaban a Cádiz, Jerez, o Puerto de Santa María, a una corta edad y sin más equipaje que lo puesto, a buscar una oportunidad para trabajar y aprender el oficio en la tienda de un familiar o vecino, con los que su padre previamente habría llegado a un acuerdo. Para la familia era doble ventaja, ya que además de que su hijo aprendía un oficio, era una boca menos que alimentar en la casa familiar. Los jóvenes, que empezaban como recadistas, con el tiempo pasaban a ser dependientes, más tarde encargados y, finalmente, se convertían en dueños del negocio. Un gran número de ellos, llegaron a hacerse con la mayoría de las tiendas de ultramarinos de la zona, y tuvieron tanta repercusión, que todavía a día de hoy, los gaditanos siguen usando la expresión «voy al chicuco» para referirse a «hacer la compra». Así mismo, tanto en Jerez como en Cádiz se formaron «Gremios de Montañeses» dueños de tiendas y tabernas, lo que también pone de manifiesto la relevancia que llegaron a tener.

Lo mismo que ocurrió con las tiendas de ultramarinos, ocurrió también con numerosas bodegas, a las que llegaron como capataces y de las que terminaron siendo dueños. En algunos casos, y después de un enorme sacrificio, conseguían una  hacienda propia y dar fe de su tierra en la región andaluza. En otros casos lograron hacer importantes fortunas, gran parte de las cuales, eran donadas a sus pueblos de origen, de los que nunca se olvidaron.

De gran importancia para el proceso educativo de la población de Cabezón de la Sal, desde el siglo XVII hasta el siglo XX, fue la promoción de establecimientos escolares por parte de emigrantes enriquecidos con sus negocios en Andalucía. Estos «jándalos» dotaban a sus lugares de nacimiento de escuelas y de otros establecimientos benéficos, que se mantienen en la actualidad, y que han contribuido enormemente en el desarrollo cultural y económico de nuestro municipio.

Podemos destacar en nuestro municipio, en la segunda mitad del siglo XIX, dos hermanos que en aquella época partieron de Santibáñez a Cádiz en busca de fortuna: don Pedro Alcántara y doña Petra de Ygareda y Balbás. Ambos han sido de vital importancia para la evolución económica y cultural de este municipio y de su comarca.

Si hacemos un recorrido por Cabezón de la Sal, podremos observar que buena parte de los edificios más emblemáticos y representativos, tanto a nivel arquitectónico, como a nivel cultural o de servicio social, han sido construidos gracias a las aportaciones de estos jóvenes emigrantes a tierras andaluzas que un día regresaron después de hacer fortuna: son las «Huellas de los Jándalos».

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