César Jenaro Abín

Pintor César Jenaro Abín

César Jenaro Abín nació en Cabezón de la Sal el 12 de septiembre de 1892, hijo de Leandro Jenaro y de Teresa Abín García. Falleció en Santander el 22 de abril de 1974.

Según el propio Abín, ya desde muy niño sintió inclinación por el dibujo y la pintura. Recibió sus primeras lecciones de Dibujo «de un sabio religioso de nacionalidad suiza, cuya pintura, de formación francesa, era de un gusto extraordinario». Interesados por las dotes artísticas que mostraba César de niño, sus padres decidieron enviarle a Madrid para que estudiase en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde ingresó en septiembre de 1907.

El verano de 1908, la pintora María Blanchard se convirtió en su profesora particular. Ocho años después pintó el soberbio retrato de D. Fernando Gutiérrez Cueto, tío paterno de María Blanchard.

En 1915 realizó su primera exposición individual en el Ateneo de Santander, donde colgó un total de dieciséis obras, de las que destacaron los paisajes, aunque hubo también retratos, y la obra Virgilio y Dante, a la que él calificó de «fantasía decorativa sobre un paisaje de la Divina Comedia».

Ilustró el libro El amor de las estrellas (Mujeres del Quijote) de Concha Espina. Cuando volvió a editarse en 1930, las ilustraciones fueron de Santiago Ontañón.

Durante el verano de 1915 realizó en Cabezón de la Sal una exposición de caricaturas de personas del lugar, que iban acompañadas de semblanzas escritas por Fernando Gutiérrez, Matilde de la Torre y Concha Espina.

Fue precisamente Fernando Cueto, entre otros amigos, quien le animó a continuar con su trabajo como caricaturista, motivo por el que efectuó una exposición en el Salón Lacoste en Madrid al año siguiente.

En Madrid fue uno de los contertulios del mítico cenáculo sabatino de Pombo. Su asiduidad a la famosa tertulia de los sábados generó una serie de caricaturas, publicadas por Ramón Gómez de la Serna en su libro Pombo. En 1917 expuso en Madrid en el III Salón de Humoristas de Madrid. A pesar de ser prácticamente un desconocido, cosechó una crítica muy halagüeña. Durante esta primera estancia en Madrid, realizó caricaturas para La Tribuna, periódico de Cánovas Cervantes. En esos momentos conoció a Picasso, con el que se relacionaría más tarde en París.

En mayo de 1919 expuso en el Ateneo de Madrid una quincena de obras. En esta ocasión fueron paisajes y una figura de niño, a la que él tituló Pulgarcillo, volviendo a exponer en 1921 en el Ateneo de Santander.

Pero estos últimos años no fueron buenos para Abín, pues se indispuso con el crítico José Francés, por lo que tomó la firme resolución de ir a París.

Partió en enero de 1924 hacia la capital francesa.

Fue allí a trabajar y, en un primer momento la vida le fue dura. María Blanchard le presentó a su amigo André Lhote, «quien encantado con mis dibujos me presentó a los dueños de las galerías ‘Manuel Frères’, quienes me hicieron una exposición en el Foyer del Teatre des Nouveautés, en los grandes boulevares».

A partir de 1931 su colaboración fue asidua para L’Intransigeant, en la página «Des lettres», dirigida por E. Zavie y en la de «Des Arts», dirigida por Maurice Raynal. Realizaba caricaturas de los escritores, pintores y escultores más destacados del panorama artístico francés. Alternó sus trabajos en este periódico con otros para Petit Parisien, Le Journal, L’Aurore, o en revistas como Noir et Blanc Cine Miroir. Estos retratos cosecharon un gran éxito al exhibirse en el Salón de Humoristas de París, de ahí que en 1932 fueran editados en París bajo el título Leurs figures.

56 portraits d’Artistes, Critiques et Marchands d’aujourd’hui avec un commentaire de Maurice Raynal.

Esta obra constituye un documento de primera necesidad para conocer el ambiente artístico del París del primer tercio de siglo. Por sus páginas desfilan sus amigos cántabros, Pancho Cossío y María Blanchard.

Pero también están pintores, como Picasso, Matisse, Miró, Gargallo, Leger, Delaunay, Derain, Lhote, Braque, Dufy o Ghagall; entre los críticos, George Waldemar, Jean Cassou o Teríade; y entre los marchantes retratados aparecen Berheim, Kahnweiler, Berta Weil, Vollard o los Rosemberg. En 1973 la Institución Cultural de Cantabria y el Instituto de Arte Juan de Herrera realizaron una edición facsímil de esta obra, prologada por Manuel Pereda de la Reguera, que se ha reeditado en 2003.

Un cambio de dirección en L’Intransigeant hizo que Abín, junto a otros redactores y colaboradores del mismo, dejase el periódico. Por fin, en 1938, consiguió un importante encargo: la decoración del restaurante Mir, situado en el Faubourg Montmatre.

Desgraciadamente el restaurante sufrió un incendio y estas pinturas se perdieron.

En 1939 volvió a España, comenzando a trabajar como dibujante del diario Informaciones, para el que realizó cientos de caricaturas, muchas de ellas dobles o múltiples. Entre los innumerables personajes retratados están Gerardo Diego, Luca de Tena, Sánchez Mazas, Edgar Neville, Valentín Zubiaurre, Gutiérrez Solana, Pepe Isbert, Regino Sáinz de la Maza, Josefine Baker, Raquel Meller y un interminable etcétera.

En 1943 el Ayuntamiento de Santander adquirió para el Museo Municipal de Bellas Artes el lienzo de Abín titulado Sol en la Losa. El 24 de octubre de 1946 se inauguró su exposición en el Ateneo de Santander, después de más de veinte años de ausencia expositiva; en este local volvió a exponer al año siguiente y de nuevo en 1949 en la Biblioteca de Torrelavega. En agosto de 1951 expuso retratos y paisajes en la Sala Proel de Santander. El catálogo, con varias fotografías de la obra, está prologado por José Hierro.

En 1952 viajó a Jaén, para realizar unos murales, encargados por el gobernador civil de esta provincia, Felipe Arche, amigo de la familia. Los murales estaban destinados a la sede de Sindicatos, actual Casa de la Cultura. Fueron tres murales, cuyos títulos eran Batalla de Bailén, Batalla de las Navas de Tolosa Epopeya del Santuario. Aprovechando esta estancia expuso en los Salones de la Sociedad Económica de Amigos del País del 4 al 12 de julio, un total de once obras, entre las que se contaban tres retratos y ocho paisajes, algunos de ellos realizados durante esta estancia en el sur, como Sol sobre el Generalife, Bosque de la Alhambra, Sol en la Alhambra, Vista de Jaén Barrio de Cazorla.

En la década de 1950 expuso en la Galería Sur (1953 y 1956) parte de los óleos que había expuesto en Jaén. En 1959 volvió a su labor de muralista. Recibió el encargo de pintar dos grandes murales de tema religioso para el santuario de la Bien Aparecida.

Las obras poseen enormes dimensiones, pues son dos lienzos de 4,50 metros cada uno. En 1961 hizo el retablo de la ermita de la Penilla, donado por Aurelio Ibáñez. De esas mismas fechas son los murales para la iglesia del palacio de Saro, propiedad de Leonardo Ibáñez Novo, hijo de Aurelio Ibáñez Gutiérrez, que fue un auténtico mecenas para Abín.

En 1959 formó parte del grupo MAS (Movimiento Artístico Santanderino), formado por seis artistas: los pintores César Abín, Manuel Gutiérrez de la Concha, Victoriano López Dóriga, Luis Polo del Campo, Antonio Winkelhofer y el escultor, Manuel Pereda de la Reguera. Su proyecto para el verano de 1961 era organizar una gran exposición de pintores y escultores montañeses.

Abín también publicó algunos escritos, alguno de los cuales resultó polémico por su arriesgado discurso; destacan Estudios sobre el paraguas, su ensayo Hacia un paraíso abstracto, que supone el desarrollo y ampliación de una conferencia que pronunció en la Real Sociedad Económica de Amigos del País en Jaén. La pintura y sus alrededores, es la transcripción de la conferencia pronunciada el 19 de septiembre de 1958 en la Casa de la Cultura Sánchez Díaz de Reinosa.

En 1973 el Museo de Bellas Artes de Santander le tributó una exposición antológica, con un total de treinta y dos obras. Fue su última manifestación pública, ya que falleció al año siguiente.

Obras de ~: Retrato de D. Fernando Gutiérrez Cueto, 1916; El Criminaluco, 1918; Personaje desconocido, 1922; Médicos del Hospital de San Carlos, Madrid, 1923; Retrato de Picasso, 1932; Retrato de María Blanchard, 1932; Retrato de Pancho Cossío, 1932; Ramón Gómez de la Serna, 1932; Retrato de Jenaro Mclennan, 1943; Sol en el bosque, 1944.

Escritos: «Leurs figures». 56 portraits d’Artistes, Critiques et Marchands d’aujourd’hui avec un commentaire de Maurice Raynal, Paris, 1932; «Estudios sobre el paraguas», en Proel (1950), págs. 299-307; Hacia un paraíso abstracto (o la decadencia de la verdad), Jaén, Seminario de Formación Política de FET y de las JONS, 1953; La pintura y sus alrededores, Santander, 1958.

Retratos de Artistas, Críticos de Arte y Marchands, Santander, Editorial Institución Cultural de Cantabria e Instituto de Arte Juan de Herrera, 1978, y Edición Gobierno de Cantabria, 2003 (eds. facs.).

Bibl.: R. Gómez de la Serna, Pombo, Madrid, G. Hernández y Galo Sáez, 1918; E. López Sobrado, «César Abín, un apasionante itinerario artístico», en La Revista de Santander, n.º 65 (1991); J. A. González Fuentes, «Abín se cuenta», en Trasdós, n.º 1 (Santander) (1999), pág. 108; J. R. Saiz Viadero, “César Abín, en el Diccionario de Ilustradores gráficos de Cantabria”, en Viñetas de ayer y hoy, n.º 2 (2001), pág. 19.

López Sobrado, Esther, «César Jenaro Abín», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico.

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