Las salinas de Cabezón de la Sal

Explotación del diapiro Salino

En el paraje «Salinas», frente a la calle Tresano de Cabezón de la Sal, se encuentra una explotación salinera de los siglos XIX y XX. Se trata del único pozo para extracción de salmuera que se conserva de los que existieron en la zona. La salmuera extraída por bombeo, era decantada a través de una tubería hasta la fábrica de la estación, donde se sometía a un proceso de evaporación y tamizado para la obtención de diversas calidades de sal.

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Desde el siglo X hay referencia de actividad salinera en Carrejo y Vernejo. La explicación geológica del porqué de la extracción de sal en estos lugares se debe a la aparición de un diapiro salino. En Cabezón, la primera noticia sobre la explotación data del año 853, aunque probablemente fueron explotados desde la antigüedad. La extracción consiste, básicamente, en disolver la sal del yacimiento aprovechando las corrientes de agua que circulaban por el subsuelo a no demasiada profundidad, con un caudal que era más o menos continuo, con mínimos en verano, gracias al sustrato arcilloso que impermeabilizaba e impedía las pérdidas por infiltración, lo que favorece una mayor concentración de salmuera.

La propiedad y organización de la explotación debió estar regulada por autoridades monásticas, como la Abadía de Santillana, que ostentaba derechos sobre el pozo de Cabezón en el año 1082. Sancho de Navarra por su parte, concedió en el año 1102 seis metradas en el pozo salinero a la Abadía. Posteriormente pasó a ser propiedad real y en 1341 Alfonso XI dio la concesión del pozo a Gonzalo Ruiz de la Vega como recompensa por su contribución en la Batalla del Salado. La Casa de la Vega disfrutó de la concesión de las minas mediante el arrendamiento a terceros. Los beneficios económicos de esta explotación atrajeron a la alta nobleza y a los notables locales. Uno de estos arrendatarios fue Sancho de Cos en 1541, quien además era el propietario de la mitad de la cabaña de vacas de Cabezón, que en el siglo XVI consistía en 100 cabezas.

Hasta el siglo XVI el Concejo de Cabezón será titular de la mitad de los derechos sobre la Sal. La fórmula de explotación estaba fijada por las ordenanzas y correspondía a cada vecino un turno de explotación, lo que les ayudaba a completar sus recursos. Tras la extracción de la «moría» por medio de pozos cuya hondura estaba condicionada por la profundidad a la que se encontraban los acuíferos, oscilando normalmente entre 10 y 15 metros, se hacía evaporar el agua, naturalmente o al fuego en tueras o recipientes metálicos instalados en torno al pozo. Se calentaba la sal para acelerar el proceso de cristalización. Este sistema requería una gran inversión en trabajo y leña.

En 1564, la titularidad pasa de la casa de La Vega otra vez a la corona y mediante una pragmática de Felipe II, se establece el Estanco de la sal para monopolizar la actividad. Un administrador dirige la explotación pero el trabajo lo hacen los vecinos a cambio de un salario. Los mercados para esta sal eran Palencia y los valles próximos del interior. También las colonias de ultramar (Cuba, Guinea Ecuatorial, etc), además de EEUU y algunos países africanos (Camerún, Sudán, etc.), a través de los puertos de Gijón y Santander. No tenía gran acogida en los puertos puesto que no era buena para la salazón debido a su elevado índice de humedad. Se utilizaba para la cocina, sal de mesa y para el ganado. En 1869 se produce la desamortización de Mendizábal, y se establecen las bases para la liberación de las explotaciones mineras que lleva al desestanco y privatización de los pozos de Las Tueras en 1871.

En 1877 se crea la Sociedad Salinas de Cabezón y el pozo de las Tueras deja de explotarse debido a su hundimiento, siendo sustituido por el de Tresano. A finales del siglo XIX, a consecuencia de la liberalización, se multiplicaron las explotaciones y se añadieron los pozos de la mina Ramón, Fortuna y Provisión entre 1882 y 1883.

En la segunda y tercera década del siglo XX se produjeron ya algunos parones debido a los elevados costes y ya a partir de la década de los treinta se produjo el declive hasta que se volvió a la situación inicial en la que únicamente funcionaba un pozo: el de Tresano, que finalmente, cerraría sus puertas en el año 1979.

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